Resulta que acabo de toparme con una joyita tecnológica que me ha dejado ojiplática: una IA que mejora la resolución de cualquier imagen como si le hiciera un lifting digital. Sí, sí, sube píxeles por cm y –te lo juro– parece magia.
Confieso que en muchos de mis proyectos anteriores la calidad de las fotos me importaba lo justito. Yo hacía mi captura y “chim pum”, ya estaban documentadas. Pero claro, ahora que vivimos en un mundo 100% online y que estoy preparando diferentes formatos de dossiers con toooodo mi inventario de obras y soportes… ¡ZAS! Me topé con el problema: algunas imágenes parecían sacadas con la cámara oscura de Leonardo da Vinci allá por el siglo XV.
Y justo ahí, como caída del cielo (o más bien de mi insaciable curiosidad), descubrí una herramienta que me ha cambiado la jugada:
De verdad: lo que hace es impresionante. Una solución que pensé imposible, y que ahora tengo en la palma de la mano. Te animo a probarla porque, spoiler: nunca volverás a mirar tus imágenes desgastadas con los mismos ojos.
De nadaaaaa.